“La forma más segura de acabar con el mal, es construir el bien.”

Setembrini

Hosenfield, con un niño polaco.

Wilhelm Hosenfeld; Mackenzell, nacio un 2 de mayo de 1895 , se graduo como maestro antes de participar en la primera guerra mundial, donde fue herido de gravedad en dos ocasiones.

Hosenfeld fue llamado a filas en agosto de 1939 y tuvo como destino Polonia desde mediados de septiembre de 1939 hasta su captura por el ejército soviético en 17 de enero de 1945. Su primer destino fue Pabianice, donde estuvo encargado de la construcción y dirección de un campo de prisioneros de guerra. Su siguiente destino, desde diciembre de 1939, fue Wegrów, donde permaneció hasta que su batallón fue enviado a Jadów a finales de mayo de 1940. Fue finalmente destinado a Varsovia en julio de 1940, donde pasó el resto de la guerra asignado, en su mayor parte, al Wachbataillon 660, donde ocupó el cargo de oficial de administración y de oficial de deportes.

Como Oficial aleman

Aunque fue miembro del partido nazi desde 1935, Hosenfeld fue desencantándose del partido y sus dirigentes conforme pasaba el tiempo y, especialmente, cuando vio la forma en la que eran tratados los polacos. Él y otros compañeros oficiales sentían simpatía por el pueblo de la Polonia ocupada. Avergonzado de lo que sus compatriotas estaban haciendo, se ofrecieron a quienes necesitaban su ayuda cuando fue posible.

Hosenfeld entabló amistad con numerosos polacos e incluso se esforzó en aprender su lengua. También, como Cristiano, acudía a los oficios religiosos, tomaba la comunión, a pesar de que esto estaba prohibido. Sus actos en favor de los polacos comenzaron ya en el otoño de 1939 cuando, en contra del reglamento, permitió que los prisioneros de guerra polacos tuvieran acceso a sus familias e incluso consiguió la liberación anticipada de uno de ellos.

Durante su etapa en Varsovia utilizó su cargo para dar refugio a personas que estaban en peligro de ser arrestados por la Gestapo, independientemente de su procedencia (incluso llegó a dar cobijo a un alemán perseguido). Solía ayudarles consiguiéndoles los papeles adecuados para trabajar en el centro deportivo que estaba a su cargo, a veces dándoles empleo bajo nombres falsos.

Ultima imagen que se conocio de Hosenfield, un dibujo hecho por un compañero de prision.

Hosenfeld fue capturado por los soviéticos en Błonie, una pequeña ciudad unos 30 kilómetros al oeste de Varsovia, junto con los hombres de la compañía que comandaba. Fue sentenciado a 25 años de trabajos forzados1 por supuestos crímenes de guerra, acusación sustentada únicamente por su pertenencia al Ejército. Fue internado en un campo de concentración soviético. A pesar de las numerosas peticiones de liberación realizadas en su nombre, entre otros por las personas que había salvado, los soviéticos se negaron a admitir que no estaba involucrado en crímenes de guerra. Falleció en un campo de concentración soviético, tras un grave y largo deterioro de su salud, el 13 de agosto de 1952, poco antes de las 10 de la noche, por una rotura de la aorta torácica posiblemente durante la tortura.

El 17 de noviembre de 1944 en Varsovia, en una casona abandonada que estaba siendo acondicionada para convertirse en el cuartel general de las fuerzas de ocupación, Wilm Hosenfeld encontró a Władysław Szpilman, que se había construido un escondite en la buhardilla. El oficial pidió al pianista probar su condición de músico y Szpilman, con las manos aún entumecidas, tocó un fragmento de “Ballade No. 1 in G minor” de Chopin. Le ayudó a mejorar su escondite y le proveyó de comida durante un mes, envuelta en papel de periódico que daba noticias de la pronta caída de Alemania.

El hijo de Władysław Szpilman, Andrzej Szpilman solicitó al Yad Vashem que reconociera a Wilm Hosenfeld como Justo entre las Naciones, un título que se concede a los no judíos que arriesgaron su vida por salvar a los judíos. El 25 de noviembre de 2008 se produjo dicho reconocimiento.

En octubre de 2007 el presidente de Polonia concedió a Wilm Hosenfeld la Cruz Comandante de la Orden Polonia Restituta (Krzyż Komandorski Orderu Odrodzenia Polski).

Israel honró la figura de Hosenfeld el 19 de junio de 2009 en una ceremonia celebrada en Berlín. Hosenfeld se convertía así en uno de los pocos militares alemanes que participaron en la II Guerra Mundial en recibir el título de “Justo entre las Naciones”, una distinción concedida por el centro Yad Vashem del Holocausto. En total han recibido este título unas 22.000 personas de todo el mundo. Los hijos de Hosenfeld y Szpilman asistieron a la ceremonia. “Somos conscientes de que este es el mayor honor con que el Estado de Israel reconoce a los no judíos”, declaró el hijo del capitán alemán, Detlev Hosenfeld. Por su parte, Andrzej Szpilman, manifestó entonces que Hosenfeld “ayudó a mucha gente distinta al principio de la guerra, independientemente de su origen, religión o raza”. “El salvador de la vida de judíos al que honramos muestra que hubo gente de uniforme, incluso bajo la dictadura y el terror, que defendieron la humanidad y la compasión”, dijo el embajador adjunto de Israel en Berlín, Ilan Mor.

Salió del anonimato gracias a la novela autobiográfica del músico polaco Władysław Szpilman (El pianista del gueto de Varsovia), popularizada por la película de Roman Polański El pianista.

Fuente: Wikipedia

Notas adicionales:

HOSENFELD LO PREDIJO una y otra vez al final de la guerra: los alemanes acabarían pagando por sus crímenes. Como pueblo, pero también como individuos. Resultó ser la cruel premonición de un hombre que, pese a sucumbir a la alucinación nacionalista, nunca perdió su decencia personal. Hosenfeld fue hecho prisionero por el Ejército Rojo en enero de 1945 e internado durante siete años en diversos campos de detención soviéticos.

Al despedirse de él en la casona de Varsovia, Szpilman le había pedido que memorizara su nombre por si algún día necesitaba de un testigo que declarara a su favor. Cuando fue detenido Hosenfeld, alcanzó a transmitirle un mensaje, pero el pianista ya no pudo dar con él, entre otras razones porque ignoraba su nombre. También otros de sus protegidos -entre ellos un antiguo comunista alemán y una familia polaca- intercedieron a su favor y ayudaron a su esposa, Annemarie. “El hecho es que toda suerte de canallas y malhechores siguen libres, mientras que este hombre, que merece una condecoración, tiene que sufrir”, se lamentó en 1950 Leon Warm, otro judío a quien Hosenfeld había salvado en Varsovia.

“Nos hemos llenado de una vergüenza inexpugnable, de una maldición imborrable. No merecemos misericordia, todos somos culpables. Me avergüenzo de caminar por la ciudad, cualquier polaco tiene el derecho de escupirnos en la cara”, escribió en su diario el 16 de junio de 1943. Los alemanes acababan de reducir a escombros el gueto de Varsovia.

Por lo que cuenta Szpilman en su libro de recuerdos, ambos hombres poco pudieron hablar por temor a ser descubiertos. Pero Szpilman alcanzó a expresar su sorpresa ante lo que estaba sucediendo: “¿Es usted alemán?”, increpó al uniformado. Hosenfeld reaccionó muy alterado: “Sí. Soy alemán”, vociferó. “Y después de todo lo que ha sucedido, me avergüenzo de ello”.

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